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Una charla jugosa por Radio Albano

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  La profesora de Literatura y entrevistadora Viviana Scao y su esposo, el locutor y periodista Claudio Sordini, ambos propietarios de Radio Albano y conductores de La esquina de los sábados, esta mañana me permitieron llegar a su audiencia y a otros rincones de mis reflexiones, en esta entrevista jugosa (al menos para mí). Hablamos de la novela que presentaré el próximo sábado 12 de agosto, en la Biblioteca Popular Alberdi, de San Andrés de Giles: Las dos Celeste: entre el amor y la locura. Sin contar detalles, hablé de lo más gordo de la trama, que tiene a dos Celeste como protagonista: la mujer adulta que en el contexto de la cuarentena por la pandemia de Covid19 decide contar lo que ocurrió cuando tenía apenas trece años, luego de la aparición con vida de su abuela Cora y en circunstancias en las que su tía abuela Cora escapa del neuropsiquiátrico con intenciones de asesinar a Cora.  Esta Celeste se ve atravesada por recuerdos gratos e ingratos y por la realidad de un pres...
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 Charla sobre Escritura Terapéutica Desde el diario íntimo  hasta la profundidad del texto El lunes 31 de julio di una charla sobre Escritura Terapéutica desde el Centro Latinoamericano de Psicología Holística, donde el lunes 7 de agosto comenzará otra Formación en Escritura Terapéutica. En esta charla (que comienza con problemas técnicos en el video) dialogamos sobre la práctica, los beneficios de la E.T. y sobre la importancia de formarse para acompañar a otras personas.
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  Flores en el Día del Padre El domingo fue el Día del Padre. Con Analía, mi esposa, al atardecer fuimos al cementerio de mi pueblo natal. Está en las afueras, en el límite con el campo, al final de una avenida enmarcada por casuarinas. Es un lugar amplio, bastante cuidado, con árboles, pájaros, lechuzas, bóvedas centenarias y majestuosas algunas, con cientos de tumbas y nichos ocupados por gente conocida seria o sonriendo desde sus fotitos tipo carnet. Por primera vez, compré flores para llevar a la tumba de mi padre, quien falleció hace cinco años. De hecho, fue la primera vez que compré flores en la entrada del cementerio para uno de mis muertos. Crisantemos blancos. Coloqué algunos en uno de los dos floreros del nicho que comparte con mi madre y una de mis abuelas, otras en el nicho que está muy cerquita y donde descansa mi abuelo paterno junto a un par de familiares más y las últimas más arriba, en el nicho de mi abuelo materno. Fue mi pequeño homenaje por el día de mi p...
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"...cabalga el viento como la planta seca que rueda     interminablemente a la deriva..." La distancia y la deriva solo y olvidado, aléjate del comienzo     orgulloso y firme, sepárate de los hombres igual que la grulla en el monte Gou     o las nubes en la cima del monte Hua hombre distinguido, en tu interior benevolente     de claro y fino rostro entre vapores y brumas cabalga el viento como la planta seca que rueda     interminablemente a la deriva sabes que lo que no puede ser atrapado     puede ser, sin embargo, oído aquel que esto comprende, lo espera simplemente     pero el que quiere poseerlo, al fin se alejará. Si Kongtu (837-908)  en Las veinticuatro categorías de la poesía.
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  Charla ofrecida en el 2022 en la Biblioteca Popular Alberdi, San Andrés de Giles  Literatura y terapia: escribir, leer, sanar Si escribir libros de literatura y leer cuentos, novelas o poesías fuera terapéutico, en este momento estaríamos dentro de lo que podríamos llamar una clínica del alma .  Estaríamos rodeados por los doctores Dostoievsky, Allende, Saer, Whitman, Ocampo y tantos otros más. Tendríamos a nuestra disposición recetas de poesías o inyecciones de versos para problemas de visión, prescripción de lectura de biografías para diagnósticos relacionados con problemas existenciales,   de novelas de amor para ciertas dolencias cardíacas, nebulizaciones de microcuentos para energizar la imaginación o algunas reflexiones, aplicaciones regulares de libros para los rengos de pensamientos o realidades; recomendaciones de utilización de palabras sueltas, como vendas, para las heridas del lenguaje, de cubiertas de libros como cobijas para la hipotermia de la ...
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  No obstante No obstante las intenciones, los hechos siguen robando el tiempo. Lo que en la intimidad de la noche creemos como válido, en la claridad del día se diluye con los sueños. Queremos creer que no les tememos a la muerte ni al futuro porque elegimos creer ciegamente en las oraciones y las promesas falsas. Si acaso pudiéramos alterar el orden de estas cosas, nuestras cosas, las que aparecen como fantasmas o sueños incumplidos. Si prolongáramos para siempre la intimidad de la noche de las almas. Las intenciones son buenas. Los hechos ocurren. Decidir la ocurrencia de las intenciones debería ser el hecho concreto, el primario, el inicial. Luego descubriríamos el futuro y la muerte. Porque ya no les temeríamos. No se teme lo que no existe. Todo el mundo lo sabe. Pero todo el mundo prefiere dormir la intimidad de la noche. Todo el mundo pretende diluir la claridad del día con los sueños, con las oraciones, con las promesas falsas, con la muerte. Ahora y a futuro. No obstante l...
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Poemas y reflexiones sobre la muerte y el duelo  ¿Te abruma, asusta o conmueve hablar de la muerte? Para la mayoría de los occidentales la muerte es un tema tabú. Sobre todo en cuanto a la propia muerte o la de un ser querido se refiere, ya que la muerte en sí es tema cotidiano, rutina para los ojos de las noticias y los de la ficción o los juegos y el lenguaje informal. ¿Estás pasando por algún duelo? Apuesto a que sí. Y me animo a apostar a que estás pasando por más de uno. Si ambas respuestas son afirmativas, este libro será para vos. Para que leas con tranquilidad y ánimo reflexivo. Con compasión y espiritualidad, aunque no hable "del más allá"; o quizás precisamente por eso. Si las respuestas son negativas, también este libro será para vos. Para que reflexiones conmigo sobre el gran misterio de la vida, de la existencia en general, pero de la humana en particular porque en este libro la Muerte es hija del Amor. Y dice -en alguna de sus páginas- que el hombre sufre porque...
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  La seguridad más frágil Nos ocupa cultivar la sensación de seguridad que trae consigo el sentirnos dueños de, por lo menos, una verdad, aunque ésta no tenga nada que ver con la realidad.  No nos importa si esta realidad fue construida a medida de nuestros gustos, necesidades, limitaciones, prejuicios, historia o, inclusive, talento artístico y no se ajusta a la realidad de los que nos rodean. Nos preocupa que sea nuestra y que garantice seguridad frente al Siempre Otro. Alterar nuestra realidad o peor aún, nuestras verdades nos parece un crimen aunque estuviéramos forzados por la supervivencia emocional o biológica, inclusive. Así de magníficamente frágiles somos cuando queremos. Pero no me hagas caso. Escribo esto desde mi realidad creyendo que abordo una gran verdad capaz de convertir en ladrillo una nube. 
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  Epitafio para una especie de felicidad   Tiempos que duelen   Aprender cómo funciona el proceso del duelo, desarrollar una actitud empática hacia el que lo está transitando y la paciencia en el propio, es un buen comienzo para enfrentar las pérdidas del presente y prepararnos para las etapas que vienen. Velocidad, belleza, felicidad, seguridad, estabilidad económica, salud, inmortalidad… Los valores a los que rendimos cultos se han visto cuestionados, amenazados y atacados por un enemigo invisible pero concreto y real: el Covid19. Las pérdidas que como individuos y como sociedad sufrimos desde comienzos del 2020 nos sumen en un duelo social sin precedentes, habida cuenta del tipo y nivel de relaciones que tenemos desde y con los dispositivos electrónicos. Duelos sociales ocurrieron siempre en tiempos de otras pandemias, epidemias, guerras, desastres naturales… Sin embargo, la globalización marca más profundamente el paso de la vida de las personas y su manera ...
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  Frente a la muerte sobran las palabras. Ante el misterio más grande, quizás mayor que el de la vida, no hay palabras para articular. La muerte es el reino del silencio. Porque la palabra construye y destruye, pero no mata. La palabra crea, no da muerte. La palabra vive. La palabra muere. La palabra da sentido. Pero frente a la muerte, no hay más sentido que el silencio. La palabra completa al silencio así como el silencio completa a la palabra. Pero quien completa a la muerte es el silencio. Porque la muerte es la palabra mayor. La que completa la vida. No hay analogías: la palabra no es la vida ni la muerte, así como el silencio no es una u otra cosa.   Todos sabemos todo. Unos pocos lo recuerdan. Muchos lo recreamos.   Frente a la muerte no alcanzan los silencios. Urge una palabra que aún no fue creada. Nos falta una palabra. La que sea digna de decirse ante la muerte. Una vez creada, ¿todos seremos dignos de decirla frente al gra...
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Algo sobre mí Hice los deberes. No sé, supongo. Tal vez los hice bien. O mal. No sé.  Algo hice. Escribí unas líneas para que los lectores no se sientan confundidos con mi lugar de residencia y mis ocupaciones. Les doy un poco de letra para cuando me entrevisten. ¿O los estoy confundiendo más? No sé. Ellos dirán. Ahora les toca a los lectores y a los periodistas (a los que les ruego que antes de preguntar, por lo menos echen una miradita a los libros). Quedo a disposición  si hace falta aclarar y/o ampliar algo o desarrollar otra cosa que merezca interés. Gracias por el respeto y el cariño de siempre, queridos lectores. Los escritos están en la página Sobre Ariel Puyelli
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El piche de Spíndola: una suerte de ensayo autobiográfico Podría hablar mucho sobre el texto: lo que dice, lo que sugiere y lo que quiere no decir. Pero no soy zorrino: no me inmiscuyo ("¡laaaa, tremenda palabrita!", diría ese personaje) en las artes lectoras de los otros. Que cada lector haga su camino, como el piche, como el zorrino, como Spíndola o como yo.  Como todos los que entran o quedan afuera de la gran casa de la Literatura, el Arte, la Cultura.
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  De zocotrocos, cosos y cositos Típico zocotroco dentro de una típica habitación zocotroquera de clase media. Ustedes me corregirán. Lo que me ocupa en esta ocasión son los zocotrocos tal y como yo los conozco y entiendo. Ya me dirán si consideran que estoy errado y es el hambre la que me hace escribir estas pavadas o algo de lo que afirmo aquí es real. Los zocotrocos son cositos que cumplieron doce años. Apenas soplan las velitas, se convierten en zocotrocos. Después, quizás diez o veinte años más tarde, se vuelven cosos.  Los zocotrocos –por lo menos el siglo pasado, cuando yo era uno– justo al soplar las doce velitas que se erguían bien ordenaditas sobre la torta de cumpleaños, parecía que también soplaban casi todas las palabras aprendidas. Se quedaban con unas pocas que más bien parecían sonidos guturales. Y se volvían muy tímidos y retraídos. Aparte de la edad, la diferencia entre un cosito y un zocotroco es que el cosito, desde que nace y hasta los doce años, es ...
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  Las páginas que faltan Hace un momento leí un mail de una lectora que me recordó algo que me recuerdan lectores y docentes todos los años varias veces al año: no hay información sobre mi vida en Internet. Tampoco la hay fuera de la virtualidad, salvo los retacitos de relatos, recuerdos o referencias que tienen algunos familiares, amigos y allegados en sus memorias. Y en su imaginación, claro. A algunos nos cuesta mucho escribir sobre nuestras vidas. Quizás por falsa modestia ("mi vida no ha sido tan interesante"), quizás por pereza (adhiero a este quizás) o porque no llegó el momento adecuado (también creo que ocurre esto conmigo porque me siento permanentemente en proceso de cambio y espero una especie de meseta temporal para mirar hacia atrás y relatar lo que veo y creo ver. También es cierto que entiendo que la autobiografía tiene fuertes poderes terapéuticos y vengo trabajando la palabra con mucha intensidad en esta dirección desde hace casi 8 años. No debo mezclar los ...